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La narrativa que pone en duda a las víctimas de violencia sexual
Por: Nicolás Martínez Durán
Una frase que dijeron en un videopodcast reavivó una idea equivocada: que las denuncias por violencia sexual son venganzas. Los datos y las voces de expertas muestran la realidad.
A finales del año pasado, Camilo Higuera, que estuvo en la cárcel y hoy es director de comunicaciones de la Fundación Acción Interna, fue entrevistado en el famoso videopodcast Los hombres sí lloran. En medio de la conversación, Higuera dijo lo siguiente: “Cualquier mujer que tenga una pelea con una persona, la mejor forma es denunciarlo por un delito sexual. Como es un delito tan grave y difícil de probar, la cárcel está llena de hombres por delitos sexuales que fueron la revancha de una mujer celosa”. Su entrevistador no lo cuestionó, no le contrapreguntó, no hizo nada. La conversación entre ambos continuó sin reflexionar sobre una afirmación tan mentirosa y compleja.
Higuera no me respondió cuando le escribí para saber si seguía sosteniendo lo que dijo o cuál había sido el camino para llegar a esa conclusión. No sé si sabe que, por ejemplo, según el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en 2024 se realizaron 22.662 valoraciones medicolegales por presunto delito sexual en Colombia. Una cifra altísima de la cual el 87,5 % de las víctimas fueron mujeres que, en su mayoría, tenían entre 10 y 14 años. O tal vez no tenía claro que, a nivel global, la Organización Mundial de la Salud estima que una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida.
Cuando se publicó la entrevista, muchas organizaciones, activistas y periodistas criticaron lo que había dicho Higuera. Entre esas voces estuvo la de Angélica Beltrán, politóloga y coordinadora de la línea de investigación Mujeres en Cárceles y Libres de la Corporación Humanas. Según Beltrán, “en Colombia seguimos en un sistema con más del 90 % de impunidad en delitos cuyas principales víctimas son las mujeres. Afirmar que las cárceles están llenas de hombres por este tipo de casos es incorrecto. Venimos de una historia en la que la violencia contra las mujeres fue incluso tolerada”.
A las críticas también se unió Claudia Cardona, directora de la Corporación Mujeres Libres, quien insiste en que decir algo así no solo es irresponsable, sino peligroso. “Reproduce un estereotipo que ha servido históricamente para desacreditar la palabra de las mujeres. Muchas no denuncian por miedo, estigmatización o desconfianza en el sistema”. Cardona advierte además que trasladar la responsabilidad de la privación de la libertad hacia las mujeres distorsiona el problema: “Las decisiones judiciales no se basan en celos, sino en procesos legales y pruebas”. Y agrega: “Estos discursos desinforman y pueden desalentar aún más la denuncia”. También señala una diferencia que suele omitirse: “No se puede comparar la privación de la libertad de hombres con la de mujeres. En el caso de ellas está atravesada por desigualdades y contextos de vulnerabilidad que se invisibilizan”.
Por su parte, Mónica Fonseca, CIO del videopodcast, explicó que no refutaron la afirmación de Higuera “porque nuestro host, ni mucho menos el espacio está ahí para contrapreguntar, juzgar, contrastar. Este podcast es de escucha. Y bien que nos falta aprender a escuchar. En silencio. Este no es un espacio periodístico. Tampoco se va a opinar o contrapreguntar sin conocimiento de causa”. Fonseca agregó que el invitado tomó una decisión muy particular de lanzar una frase sin datos ni referencias comprobables. “El fin de la escucha al invitado era un camino muy distinto. Ahora bien, así no seamos responsables de lo que nuestros invitados compartan, a partir de este episodio somos más rigurosos con la curaduría de las personas que se sientan a conversar. La idea es sumar con las conversaciones y esta escucha, no restar.”
Fonseca también dijo que “la gente no se quejó. Es mucho más profundo que una simple queja. Una comunicadora, a través de un reel producido con datos y argumentos explicó el porqué de lo que decía nuestro invitado no era ni certero ni tampoco contribuía con un propósito y causa fundamental para nosotras las mujeres, no solo del grupo al que ella pertenece, sino de lo que nuestra sociedad necesita urgentemente par transformarse, cambiar y sobre todo, insisto, la frase no era correcta ni veraz”. Concluyó diciendo que el espacio del podcast siempre estará abierto a oír la contraparte “y sobre todo si esta viene con información que contrasta la opinión desinformada que pueda traernos un invitado”.
La reflexión que puedo sacar de esta discusión es que en este tipo de temas no basta con señalar el problema. También es importante tomar postura, y la mía es que no podemos seguir reproduciendo ni dejando pasar discursos que, históricamente, han servido para poner en duda a las víctimas. Porque mientras estas ideas circulan sin contraste, sin verificación, lo que sigue ocurriendo —lejos de los micrófonos— es que muchas (muchísimas) víctimas no denuncian. Y ese silencio termina siendo muy efectivo para la injusticia.