BRAVA news
Como la fama transforma a los criminales en fashion icons
Por: Juan Esteban Aguilar
Así es cómo la atención mediática puede transformar a un criminal en un creador de tendencias
La forma más efectiva de agotar el inventario de una prenda es que la use un criminal buscado; así, puede venderse en minutos.
Suena como una exageración pero este es un fenómeno que hemos visto varias veces y que tiene una explicación.
Cuando Nicolás Maduro fue arrestado en una sudadera Nike la prenda se agotó en tiempo record. Lo mismo pasó en 2016 cuando el “Chapo” Guzmán fue arrestado mientras usaba una camisa Barabas, que se volvió tan popular que casi colapsa los servidores del sitio web de la marca.
Cuando un criminal recibe cobertura, se vuelve una figura pública reconocible. Eso hace que sus gestos, frases y ropa se vuelvan imitables.
Pero ¿por qué querría imitar a un criminal famoso? Porque su transgresión genera curiosidad. Cuando se conoce su historia, origen o motivos el público puede empatizar con él.
Un ejemplo de esto es el caso de Luigi Mangione, responsable del asesinato de Brian Thompson, CEO de la aseguradora médica UnitedHealthcare. La inconformidad con el sistema de salud era tan latente que parte del público interpretó el crimen de Mangione como un acto de rebeldía necesaria.
Este apoyo se mostró en la compra masiva del suéter que llevaba el día de su juicio.
“Esta es una manera de anexarse a un símbolo de inconformidad sin la necesidad de cometer el crimen” es como lo explica la investigadora Lynn Zubernis de Psychology Today.
Y ¿qué pasa cuando el público no empatiza con los motivos del criminal? Durante el arresto de Nicolás Maduro pocas personas simpatizaban con él, pero aún así su sudadera Nike se vendió en minutos.
Esto no fue una muestra de apoyo, sino una manera del público de incluirse en la conversación. La ropa se asoció con un momento viral, no con el personaje o la ideología que representaba.
El consumo se convierte en una forma de participar en momentos históricos en los que el público no puede hacer más que observar.
También hay instancias donde los criminales más famosos definen el estilo que moldeará regiones completas. Ese es el caso de la “narcoestética” que innegablemente hace parte del lenguaje visual de países como Colombia y México.
Es un estilo marcado por símbolos de poder, riqueza y autoridad. Una imagen aspiracional para aquellos que ven en el mundo del narcotráfico una oportunidad de crecimiento.
Los criminales que han ayudado a definir este estilo suelen tener historias de éxito, amasando grandes fortunas a pesar de haber iniciado con poco. Este tipo de relatos son perfectos para crear relaciones parasociales con el público.
En el estudio “Las relaciones parasociales y el poder de persuasión de los influencers en las redes sociales”, la investigadora Delia Cristina Balaban explica que, cuando una figura pública construye una relación parasocial con su audiencia a partir de una historia personal, se convierte en una voz de autoridad cuyas preferencias funcionan como un referente de confianza.
Cuando las audiencias desarrollan una relación parasocial fuerte con una figura pública, tienden a consumir lo que esta recomienda para demostrar apoyo.
Este fenómeno ha demostrado ser tan fuerte que, en países como Estados Unidos, existen leyes específicas para evitar que los criminales se lucren con su fama durante los juicios. En Colombia, esto se ha reflejado en el cierre y la demolición de lugares donde se celebraba a criminales que marcaron la historia del país, sustituyéndolos por espacios destinados a recordar a sus víctimas.