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La moda es guardiana de la historia
Por: Juan Esteban Aguilar
Cómo la historia encuentra en la moda una manera tangible de persistir
La moda nace de la artesanía y por eso el trabajo manual es una de las virtudes que más se analiza cuando se presenta una colección. La pasarela se ha vuelto el espacio donde apreciamos el trabajo a mano de un artesano experto. Es donde su historia, y la de la técnica que domina, toman un lugar protagónico.
No se puede hablar de una colección sin hablar de la artesanía involucrada, y no se puede analizar la artesanía sin conocer la historia de quienes la forjaron.
La moda es guardiana de la historia porque para disfrutarla necesitamos entender a profundidad el contexto, la historia y las realidades de aquellos que mantienen viva la herencia textil que está siendo presentada.
Esto es particularmente evidente en la moda colombiana, que ha encontrado en la herencia textil y la historia ancestral una fuente inagotable de inspiración. Es gracias a eso que la moda colombiana ha logrado desarrollar un look único, que combina el diseño contemporáneo con el conocimiento ancestral.
La moda crea un lugar donde los maestros artesanos aplican su conocimiento y pueden ser debidamente reconocidos por ello.
Aunque la moda es dependiente de la historia y la artesanía, la industria no siempre fue tan rigurosa a la hora de remunerar a aquellos maestros, que prestan sus habilidades para darle vida a la visión del diseñador.
En años recientes ha crecido el interés de los consumidores por asegurar que se remunera adecuadamente a aquellos que mantienen viva una técnica o tradición.
Cuando una marca o diseñador usa el valor cultural de una técnica artesana, pero no remunera a aquellos que la mantienen viva, se cae en la apropiación cultural y las críticas no se hacen esperar.
Ejemplo de esto fue el caso de Willy Chavarría, diseñador estadounidense que tuvo que pedir disculpas públicas, después de lanzar unas sandalias que tomaban inspiración directa del trabajo de comunidades indígenas mexicanas, sin darles crédito.
Poner a los artesanos en el centro de la conversación alrededor del diseño es algo que hace destacar a las marcas colombianas.
Diseñadoras como Adriana Santacruz o Manuela Álvarez, han resaltado por crear modelos de negocio que remuneran adecuadamente a los artesanos con los que trabajan, y les dan un papel protagónico en la propuesta de la marca.
Se aseguran de que aquellos que hacen posibles sus diseños, esten también en el centro de la conversación.
En un diálogo con el escritor con el escritor de moda Emilio Villalba, explicaba que tanto la historia de la artesanía como poder participar del bagaje cultural que esta tiene, es lo que le da peso y autoridad a un producto. Cuando se compra una prenda, no se compra solo la chaqueta y el material con el que está hecha, sino toda la historia detrás de su creación y la experticia necesaria para crearla.
Este modelo es lo que ha mantenido a marcas internacionales, como Hermés, entre las marcas de lujo y moda más rentables del planeta a lo largo de los años. La historia que traen los productos es una manera en la que la moda representa estatus.
Tal vez una de las cosas que más importancia tiene en la ropa es la historia que cuenta. Dice quiénes somos, qué hemos logrado e incluso qué creemos.
Cuando compramos una pieza de diseño colombiano, no solo estamos consiguiendo un producto que demuestra nuestro estatus, también es una manera de participar en la historia de esa artesanía.
“Nos debemos en Colombia a una mirada de reconocimiento y de comprensión sobre la historia del diseño, sobre su presente y sobre sus protagonistas” dice Rocío Arias Hoffman, periodista de moda de Silla Verde, uno de los proyectos periodísticos más importantes del país cuya misión es reivindicar el diseño, el arte y la cultura colombiana.
La artesanía suele ser subestimada por el público, y es solo a través de la educación que se puede enseñar cómo apreciar un producto cargado de historia ancestral y artesanal.
“Hay que brindar conocimiento, que la información quede en manos del público y que reúna suficientes motivos, datos e historias que los hagan comprender que efectivamente el peso particular del diseño, está reunido con la tradición artesanal colombiana” explica Rocío.
Las facultades educativas de la moda suelen ser ignoradas, pero hacen parte clave de cómo funciona la industria. Lejos de ser superficial, la moda es uno de los espacios donde la memoria cultural encuentra una forma tangible de persistir.
La industria de la moda aprecia la maestría de la técnica y busca reconocerla para compartirla con un público que la aprecie debidamente.