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Golpes de estadio

Por: Sergio Alejandro Gómez

Si vive en un área metropolitana, es muy probable que uno de los puntos de encuentro sea el estadio. Estos recintos de gran escala, concebidos tradicionalmente para albergar partidos de fútbol y conciertos de artistas nacionales y extranjeros, han ampliado su catálogo de usos. En los últimos años, además de estos dos ámbitos, han acogido otra clase de eventos como ferias, reuniones sociales, peleas de boxeo e incluso ceremonias matrimoniales.

 

Más allá de su carácter multipropósito, los planes de expansión y modernización se han intensificado. En el pasado, las remodelaciones respondían principalmente a la necesidad de cumplir con los estándares exigidos por los comités organizadores de grandes citas deportivas como los Juegos Olímpicos o los torneos internacionales de fútbol. Hoy, sin embargo, la actualización de estos escenarios ya no depende exclusivamente de la celebración de grandes eventos deportivos, obedece, sobre todo, a una lógica de competitividad entre ciudades, búsqueda de multiplicación de los ingresos e incluso estrategias de renovación urbana.

 

En Medellín, por ejemplo, el lunes 18 de febrero se anunció la remodelación y ampliación del Estadio Atanasio Girardot, que incluirá un nuevo techo, silletería renovada y mejoras en los accesos. En una etapa más avanzada se encuentra el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez de Barranquilla, que a finales de enero de 2026 inició obras para aumentar su capacidad de 46.000 a 60.000 espectadores. El proyecto trabaja en la eliminación de la pista atlética, el descenso del campo de juego cuatro metros, la adecuación de los exteriores del estadio y la habilitación de un nuevo museo con la historia del Junior de Barranquilla y la Selección Colombia.

 

En Bogotá también se proyecta una transformación de gran escala. Mediante una alianza público-privada se ha puesto sobre la mesa la construcción de un nuevo estadio contiguo al Estadio Nemesio Camacho El Campín, que integraría, entre otros elementos, un hotel y un auditorio sinfónico. En los renders lucía prometedor, en la práctica, el proyecto de construcción aún está casi tan atrasado como la segunda línea del metro de Bogotá.

 

Si ampliamos la mirada a Sudamérica, el antiguo estadio San Carlos de Apoquindo fue reinaugurado en agosto de 2025, tras una alianza Público-Privada, bajo patrocinio y el nombre de Claro Arena. Se trata de un estadio multipropósito con capacidad para 20.000 espectadores pensado para eventos deportivos, corporativos, culturales, musicales y sociales —incluyendo matrimonios—. Aunque es uno de los casos más recientes, no es el único. El Estadio Nacional del Perú en Lima y el Estadio Más Monumental, propiedad de Club Atlético River Plate, han sido objeto de grandes ampliaciones. En este último, se presentó a inicios de año una nueva fase de ampliación para superar la barrera de los 100.000 asientos acercándose, al menos en capacidad, al Spotify Camp Nou, estadio en Barcelona actualmente en renovación para albergar a 105.000 espectadores.

 

El aumento de capacidad suele ir acompañado de un crecimiento en los ingresos derivados de la organización de eventos deportivos y no deportivos, explotación de servicios (venta de comida, bebida y tours turísticos) y publicidad. Volviendo a El Campín, el año pasado superó los dos millones de asistentes entre conciertos, partidos de fútbol y otros eventos. En cifras, desde la revista Pollstar se reportaron unas ganancias superiores a los 35,4 millones de dólares solamente en materia de eventos musicales. Es una enormidad teniendo en cuenta que el estadio bogotano fue el segundo con mayor recaudo en Sudamérica solo por detrás del Allianz Parque en Sao Paulo, propiedad del Palmeiras y con un ingreso récord con 61,9 millones de dólares.

 

Parte de estos ingresos fueron gracias a la gira del año anterior de Shakira, que gracias a las cuatro fechas agotadas en Bogotá y Barranquilla, generó más de 52 millones de dólares de impacto económico en las dos ciudades. Al final no termina ella siendo la única que factura. Más recientemente, Bad Bunny en el marco de su gira “Debí Tirar Más Fotos” entre el 23 y 25 de enero de 2025 registró un impacto económico positivo de 43 millones de dólares, traducidos en consumos en restaurantes, comercios y hospedajes.

 

En Europa, la tendencia también es clara. Clubes como el Paris Saint-Germain y el Manchester United han evaluado la posibilidad de construir nuevos estadios multipropósito que amplíen su capacidad y diversifiquen sus fuentes de ingreso. El debate, sin embargo, no es menor: la comercialización intensiva y el cambio de nombre por patrocinio pueden rivalizar con la identidad histórica de los clubes y la relación simbólica con sus hinchas y vecinos.

 

Históricamente, la mayoría de los estadios fueron concebidos casi exclusivamente para el fútbol, independientemente de su modelo de propiedad. En Colombia, al igual que en Italia, la mayoría de los escenarios pertenecen y son mantenidos por los gobiernos locales. Existen excepciones, como el Deportivo Cali o la Juventus, que cuentan con infraestructuras propias, sin embargo, para el club colombiano su construcción ha representado una serie de deudas que han puesto en serios problemas a las finanzas del equipo.

 

No todo son ventajas. El Estadio Santiago Bernabéu, tras su remodelación culminada en 2024, enfrentó quejas vecinales por la organización de eventos masivos, lo que llevó a trasladar algunos espectáculos al Estadio Metropolitano de Madrid, casa del Club Atlético de Madrid. A ello se suma que, en modelos donde la propiedad y el mantenimiento recae en las alcaldías, como ocurre en Colombia o Italia, la dependencia administrativa puede dificultar la ejecución ágil de megaproyectos y limitar la autonomía de decisión de los clubes, tal como se ha visto actualmente con Junior, Millonarios y Santa Fe, quienes se han visto obligaos a jugar en otros escenarios deportivos ya sea por las remodelaciones o el mal estado del césped.

 

En definitiva, los estadios han dejado de ser infraestructuras asociadas directamente al fútbol para consolidarse como escenarios multipropósito con impacto económico, urbano y cultural. Su evolución actual responde a nuevas dinámicas de financiamiento en las que priman las alianzas Público-Privada, la diversificación de eventos y modelos de gestión que buscan maximizar el uso del espacio durante todo el año. En este contexto, la transformación de estos recintos no solo ha redefinido su función original, sino también ha trascendido aún más su importancia en sectores totalmente ajenos al deporte.

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