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¿Sueño español?

Por: Sergio Alejandro Gómez

En un ciclo de vida en el que regalamos parte de nuestro tiempo activo a ver Instagram y TikTok, los posts sobre atracciones turísticas, ofertas laborales y posibilidades de residencia en España se han vuelto más repetitivos. No son solamente selfis, retratos, historias y videos que aparecen en nuestros celulares retratando cómo se ven aeropuertos, playas, plazas, edificios y avenidas del país ibérico; también son reconfirmaciones de la llegada masiva de colombianos y colombianas a ese país. Las razones son muchas: una mejor calidad de vida, la búsqueda de oportunidades educativas y laborales, una mayor seguridad, la reunificación familiar, el autoconocimiento personal y menos trancones. Sin embargo, entre todos esos motivos, una idea cobra cada vez más fuerza: la reconversión del sueño americano en el sueño español.

Esa tendencia, si bien no es nueva en Colombia —ante las olas migratorias de colombianos a inicios del siglo XXI y en 2021-2022, justo después de las protestas sociales—, hoy experimenta un crecimiento mucho mayor al de otras épocas. De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística de ese país, en el tercer trimestre del año pasado Colombia se consolidó como el principal lugar de origen de la población extranjera que se estableció en España. En números, fueron 32.100 colombianos más sobre un total de 78.937 nuevos residentes extranjeros. En porcentaje, esto representa un 40,7 %.

Un poco menos de la mitad del total de extranjeros es muchísimo. Probablemente un familiar o conocido suyo está o estará dentro de esa lista en 2026. Si a esto se le suman las 978.041 personas de origen colombiano que ya residían en el país a inicios del año pasado, este conteo espera, este año, pasar la barrera del millón, cifra que ciudades como Bucaramanga, Pereira o Santa Marta no han podido superar respecto a su número de habitantes.

Esta tendencia puede explicarse por factores como el cierre de fronteras y la política migratoria de los Estados Unidos, la persistente falta de oportunidades de empleo de calidad, la inseguridad en los entornos urbanos y rurales —principal explicación de la primera ola migratoria de comienzos de siglo—, la amplia gama de opciones para obtener permisos de residencia y la mayor consolidación de redes familiares y laborales. Estas últimas se evidencian, por ejemplo, en la proliferación de panaderías, restaurantes y mercados de productos colombianos en áreas metropolitanas de Madrid, Barcelona y Valencia. En la Comunidad Valenciana, precisamente, se concentra la segunda diáspora más grande de colombianos en España, que para 2025 representa el 3,1 % del total de su población.

Se ha asentado a España como la opción principal a la hora de emigrar. No se trata solo del idioma compartido o de los lazos culturales. La posibilidad de ganar en el exterior mayores remuneraciones bajo un esquema de devaluación frente al peso colombiano sigue siendo un factor decisivo. Los casos de éxito con eco en las redes sociales refuerzan esta idea, que a la vez ha sido explotada por agencias privadas que ofrecen asesorías en oficinas decoradas con tableros, contactos y fotografías gigantes de la Sagrada Familia, la Gran Vía y la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

Con el anuncio de la regularización extraordinaria aprobado hace pocos días en España, esa posibilidad de “colonizar” tierra firme crecerá aún más. No obstante, de forma proporcional al aumento de inmigrantes se ha generado una competencia laboral mucho más alta. La búsqueda de puestos de trabajo técnicos ha abierto el espectro a profesionales de todo el mundo, no solamente de América Latina. Aunque esta nueva ola muestra una mayor presencia de personas profesionalmente cualificadas —la también llamada fuga de cerebros—, la realidad es que los empleos de menor cualificación también están enfrentando una sobreoferta de postulantes.

Esto se ha traducido en mayores índices de desempleo, salarios más bajos y menores posibilidades de ascenso económico. Aun así, al menos en esta época, Colombia tuvo en 2025 su mayor ingreso histórico de remesas desde el exterior, con un total de 13.098 millones de dólares. De ese dinero, aproximadamente 1.755 millones de dólares procedieron de España.

En términos prácticos, resulta un alivio contar con una red familiar que pueda garantizar hospedaje en España. Pero la realidad para la mayoría de inmigrantes ha sido la dificultad de encontrar un espacio de vivienda adecuado. Los precios, muchísimo más altos que en Colombia, especialmente en el Área Metropolitana de Barcelona, donde el alquiler de una habitación promedia los 600 euros mensuales, representan un verdadero dolor de cabeza. Lo que en un avión puede ser el tránsito hacia un sueño, en la llegada puede convertirse en el inicio de una pesadilla.

Los requerimientos para alquilar son más estrictos, la oferta mucho más limitada y las posibilidades de sufrir arbitrariedades y estafas por parte de arrendadores y otros inquilinos son mucho más recurrentes.

Otra cuestión de peso es la paridad cambiaria. Aunque es sabido que el costo de vida en España es más alto, no sopesar adecuadamente esta diferencia puede llevar a cálculos y previsiones equivocadas. En general, ante situaciones como la falta de empleo regular y los elevados gastos para cubrir las necesidades básicas, el panorama termina siendo más una apuesta perdida. Lo que es un sueño puede convertirse en una decisión arriesgada que, aun así, cada vez más colombianos están dispuestos a asumir mientras las condiciones en el país no mejoren.

El problema en Colombia radica, más allá de las decisiones personales, en aspectos como la falta de seguridad, la mala distribución de ingresos y la ausencia de empleo de calidad que incentive a las personas a quedarse. Esa idea de irse se ha alimentado, en gran medida, por las redes sociales que, con dosis de desinformación, muestran a España como la solución automática a una mejor calidad de vida. La tendencia sigue en aumento: los medios lo informan, las redes sociales lo confirman y, para las agencias que promueven estos destinos, es una posibilidad de seguir aumentando sus utilidades. Sin embargo, desde Colombia, ¿qué se está haciendo para evitar la salida masiva de personas hacia otros países? La respuesta, desde hace muchos años, sigue sin aparecer.

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