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El anticonceptivo por excelencia

POR: Lina Rubiano

El anticonceptivo por excelencia

Mucho se ha dicho de la distribución de la píldora desde su creación alrededor de 1960. Sin embargo, hoy en día vivimos una realidad más despiadada para disminuir la natalidad: el estrés en el cuerpo físico y mental, de los hombres y las mujeres.

Como médica, atiendo a diario mujeres en mi consulta, y esto me ha traído la fortuna de entender el entorno actual: 9 de cada 10 mujeres trabaja, sin importar la edad, y 5 a 6 de cada 10, busca mi consulta por diagnóstico de infertilidad.

El mejor anticonceptivo, es el estrés. Curiosamente, la edad de producción económica coincide en parte, con la misma edad reproductiva. Dicho esto, difícilmente, tenerlo todo es una realidad, al menos no con una salud física y mental, que permita a la mujer vivir una vida con la cual se sienta satisfecha. Mujeres estresadas por su trabajo y la necesidad de metas cumplidas, genera cortisol elevado a lo largo del día, y disminuye la progesterona, hormona que además de mantener el embarazo (pro-gestar), es el indicador de fertilidad por excelencia. Reproducirse y rendir laboralmente, son opuestos, ya que el estrés compromete el sueño, la vitalidad, alteración del estado de ánimo, envejecimiento acelerado o temprano, generando además fatiga por la necesidad de tomar decisión tras decisión, a lo largo de un día, todos los días.

El estrés es una respuesta del cuerpo a factores internos (infecciones agudas o crónicas, fatiga crónica, enfermedades autoinmunes, alteraciones del ánimo, deficiencias nutricionales entre otros) y factores externos (contaminación, alta carga de trabajo, toxinas ambientales, relaciones familiares o de trabajo exigentes, entre otros), que producen una respuesta en el organismo activando el sistema nervioso autónomo simpático, de manera sostenida. Dicho sistema es, en palabras sencillas, es ese que  nos hace creer que durante un tiempo prolongado, estamos en peligro y debemos defendernos o escapar de un tigre. Nuestros ancestros conocían bien lo que esto significaba y nos dejaron como impronta biológica dicho legado. Hoy en día, si bien no nos persigue el tigre, todos los factores de estrés interno y externo, nombrados anteriormente, se convirtieron en los tigres de la modernidad.

El cuerpo solo conoce una forma de respuesta al estrés y es a través de suprimir las funciones del sistema nervioso autónomo parasimpático, el cual nos permite la reparación de los tejidos, la digestión y la reproducción, funciones que solo ocurren en la calma del cuerpo.

El estrés en el organismo genera envejecimiento acelerado, caída abrupta de niveles de hormonas sexuales (testosterona, estrógenos y progesterona), mantiene niveles de inflamación crónica, evita que el sueño sea reparador, aumenta la liberación de cortisol por parte de la glándula suprarrenal, aumenta los niveles de insulina llevando a largo plazo a diabetes mellitus tipo 2, aumenta el riesgo cardiovascular y posibilidad de eventos cardíacos y cerebrovasculares, aumento de peso, riesgo para desarrollar enfermedades auto inmunes y diferentes tipos de cáncer. Todas las enfermedades nombradas anteriormente tienen un terreno común, en donde la capacidad de reparación del cuerpo se pierde.

El cuerpo del hombre y la mujer, se encuentran sometidos a tener que lograr la procreación en un mundo laboralmente demandante, con niveles de exigencia económica, por resultados y de productividad de manera indiscriminada, además el aumento del costo de la vida. Cuando el organismo produce cortisol, usualmente se eleva la insulina, y esta dupla nefasta disminuye la cantidad de progesterona en la mujer, así como de la cascada de hormonas derivada de la Pregnenolona (DHEA, testosterona, estrógeno). La supresión de las hormonas sexuales tanto en hombres como mujeres, a causa de los niveles de estrés, es la epidemia más diseminada hoy en día. Las bondades de las hormonas sexuales no son solo para reproducción, sino que además tienen unos efectos maravillosos en el cerebro, en las áreas de procesamiento de pensamiento, funciones ejecutivas de memoria, atención, concentración, regulación del estado de ánimo, toma de decisiones, enfoque y creatividad, áreas de lenguajes, y por supuesto con la motivación y el empuje para la vida diaria. El estrés ha creado una bruma colectiva que impide a las personas prosperar y alcanzar su máximo desarrollo tanto intelectual para realización personal, interacción social, claridad de principios morales, cayendo en escalas grises de la masa sobre como “ir con la corriente” sin tener convicciones propias que en verdad están viciadas por el cansancio y la falta de claridad; viéndose amenazado el mantenimiento de la especie.

Un cuerpo estresado en un cuerpo inflamado, un cuerpo estresado es un cerebro confuso, un cuerpo inflamado, es como una veleta que sólo puede ir día a día, sin poder encontrar gozo en el hecho de estar vivos, donde el regalo debería ser vivir siendo y no haciendo, contrario a lo que nos ha hecho creer la actualidad. Recordar como por generaciones, las labores del día para nuestros abuelos y abuelas, estaban basados en compartir en familia, con lo suficiente para disfrutar los unos y los otros, en vez de llenar vasijas vacías de monedas que en el fondo, nos quitan la paz y nos roban la posibilidad de la reproducción. Regresar al principio de vivir para mantener la estructura esencial de la sociedad, como lo es la familia, podría ser uno de los rescates más importantes que puedas tener, si has sentido como el estrés ha sido uno de los tigres que te lleva persiguiendo, ganando la batalla entre la reproducción y la productividad. Recuperar el dormir plácidamente, mover el cuerpo regularmente, mantener correctas y armónicas relaciones, con Dios como camino, comer alimentos frescos, saludables y de temporada, así como respirar con calma minuto a minuto, puede ser uno de los verdaderos lujos de la actualidad.

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