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Carta abierta a las mujeres.

POR: María Leonor Sierra Almanza

Carta abierta a las mujeres.

Siempre supe que llegaría el día en que me sentara a escribir una carta abierta para todas nosotras.

Me tomó tiempo, silencios profundos, temores sin explicación, dudas y también fuerza.

Por eso hoy, desde la versión que estoy habitando, desde las emociones que sigo transitando y a partir de mis vivencias y experiencias quiero hablarte a ti y también a mi misma.

Cuando empecé a escribir estas líneas no imaginaba el momento coyuntural que se vendría, pero si de algo estoy segura es que todo lo que tiene un propósito trazado encontrará su espacio.

No me hace falta saber a cuál de las tantas generaciones perteneces, ni conocer con exactitud cuál es tu rostro ni dónde te encuentras ahora, ni lo que estés haciendo, eres mujer y eso nos ubica en la misma posición.

Ser mujer ha significado muchas cosas a lo largo del tiempo: Ha sido resistencia, cuidado, y también lucha. Una lucha incomprendida por tantos pero muy necesaria para poder estar aquí.

Al igual que tú, también he tenido días duros y difíciles. También he sentido incertidumbre sobre mi camino y sobre mi misma.
Como tú que me lees, también le he visto la cara al dolor, a ese que te desgarra tan fuerte que llegas a creer que no pasará.

Te contaré algunas cosas sobre mi y quizás con varias te puedas sentir identificada: Cuando terminé mi bachillerato tenía éstas opciones para estudiar mi carrera profesional: Comunicación Social, Derecho y Psicología.

Pasaron algunas cosas y al final entré a la Facultad de Derecho. Era de las pocas que no tenía papá ni mamá abogada o abogado, ni eran Jueces, Fiscales o Magistrados, ni estaban en el gremio jurídico. Así que llegué a un universo desconocido y como si se tratara de una metáfora te diré que el Derecho y yo fuimos construyendo una relación con todos los elementos que ésta tiene, nos fuimos conociendo, nos dimos cuenta de lo que teníamos en común y de lo que no. También vimos las diferencias que teníamos. Llegamos incluso a discutir pero al final logramos consensos, es decir, yo aprendí a querer el Derecho y a defenderlo y el Derecho me ha permitido integrar mis otras pasiones y por eso estoy aquí escribiéndote en una columna para un medio digital y también me encantan los micrófonos y ya he participado en algunas conferencias y sueño con que vengan más.

A mí también me han dicho que no puedo lograr ésto ni aquello, seguro esa frase te resuena verdad?. Si y no me lo han dicho una vez, sino muchas. Y sabes que fue lo peor, que me lo terminé creyendo. Y empecé a dudar de mí y de mis capacidades.

También sé la herida que puede causar un comentario inoportuno e inapropiado, como por ejemplo: “¿Por qué no te has casado?” “¿Será que te dejó el tren?”, “¿Por que no has tenido hijos?”. Para serte sincera perdí la cuenta de las veces que me han hecho las mismas preguntas y más aún de las veces que no supe procesarlas, y tampoco encontrarles una justificación. Y no le pude encontrar justificación porque sencillamente no la tienen.

También callé en lugar de responder, también lloré en vez de alzar mi voz. Pero a la vez también acepté la necesidad de pedir ayuda y en esa ayuda que recibí, aprendí herramientas para gestionar éste tipo de situaciones y entonces decidí estudiar Violencia de género, Comunicación Pública y otras otras tantas cosas que como te dije antes he ido integrando con el Derecho y también me ha relacionado con la Comunicación Social y la Psicología, recuerdas que te dije que esas eran mis opciones de carrera profesional. Sin buscarlo a través de lo que conocí como dolor las he podido unir. Y te digo que también tengo un Máster, sí, yo, la misma a la que le dijeron que no lograría nada.

Sin mentirte, hace menos de una semana en una Iglesia. Sí, una Iglesia, que debería ser un lugar sagrado, me volvieron a decir lo de los hijos, aludiendo que como soy hija única, no me podia quedar sóla. “Que, qué miedo la soledad”. Me insistieron. Y también me han dicho “no seas tontita” “calladita te ves más bonita” ” no pasa nada” cuando se ha querido reaccionar ante eventos que no se pueden “normalizar” porque no son ni deben ser normales.

Desde el lado de la comprensión, sin venda en los ojos, puedo decirte que si a tí te han dicho algo similar o te han hecho sentir mal como a mí en algún momento, debes saber que ni tú ni yo estamos mal. Debes tener claro que esas personas hablan desde la ignorancia, desde el desconocimiento y desde las heridas que no han sanado porque una persona que no ha sanado es la que es capaz de herir a otra sin medir las consecuencias.

Por eso te invito para que cuando veas a una mujer alcanzando un logro, la aplaudas, porque te aseguro que le costó mucho hacerlo. También te pido que si ves a otra mujer que requiere tu ayuda, extiendas tus manos por favor. Si una mujer te dice que algo le sucedió y que estuvo expuesta a una evento o a un riesgo, créele por favor, te juro que le costó mucho tomar la decisión de hablar. Sé que lo hizo después de haber sentido un miedo paralizante. Han pretendido mantener el denominado “techo de cristal” para nosotras las mujeres, por eso cuando una de nosotras rompa uno de los lados de ese “techo” llama a otra para que juntas sigamos rompiéndolo.

Escribirte todo ésto no es fácil, sin saber quien eres, te estoy mostrando quien y que soy yo, pero resulta sanador hacerlo y a la vez es emocionante ver cómo puedo poner mis Dones al servicio y ver cómo me encuentro en el proceso de resignificar el dolor. Callé siempre que me dijeron que “el tren me iba a dejar” pero hoy sé que dicho tren no existe y aunque existiera yo estoy en la libertad de decidir si adquiero o no el boleto para subirme. Yo y sólo yo puedo decidirlo. Callé y lloré cuando me han hablado de los hijos biológicos que aún no tengo. No fui capaz de responder, el miedo me paralizó, y mi cuerpo acumuló todo eso, pero hoy sé que mis sueños alcanzados son en éste instante mis hijos. Yo los concebí, yo los gesté, yo los dí a luz, yo los traje al mundo y estoy dispuesta a mostrartelos.

Quiero que sepas que sí hay hombres buenos y no necesariamente tienen que ser tu pareja, pueden tener otros roles en tu vida, ojalá conocieras a Nico, a Jorge, a Rober, a Luis Fernando y entonces sabrías por qué te lo digo. También hay amigas verdaderas, esas que son la familia escogida, las que te dicen frases cómo: ” Aquí están mis hombros”. “Aquí están mis oídos”, ” Aquí estoy para tí”. Las mismas que te muestran lo que es un abrazo genuino y una sonrisa real. Las que podrían cruzar incluso fronteras por tí y tú por ellas.

No te calles por favor. No guardes nada. No acumules pesos que no son tuyos. No dejes de soñar, no dejes de creer, y cuando te lo digo, también me lo digo a mi. El proceso no será lineal y llevará tiempo, y habrá momentos en los que sintamos que nos queremos rendir, pero florecer es posible.
Incluso después de la noche más larga.

Un abrazo de mi corazón al tuyo

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