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Amargura

POR: Paola Herrera

Amargura

Hay cosas que de verdad son para mí muy difíciles de entender. Llevo varias horas viendo en redes sociales lo que pasó con Karol G y, por más que leo los comentarios, sigo sin encontrar una explicación lógica a la reacción de la gente frente al mensaje de la cantante colombiana.

Me explico: Ella publicó una carta dirigida al nuevo presidente de Colombia, Abelardo De La Espriella, que no era un manifiesto político, no fue un ataque, no fue una invitación a salir a marchar ni una descalificación de quienes votaron por él.

Fue, simplemente, una carta escrita desde el respeto, en la que la artista le recordaba al nuevo jefe de Estado que ahora tiene la responsabilidad de gobernar para todos, incluso para quienes no votaron por su proyecto político.

Le habló de seguridad, de oportunidades, de los niños, de los campesinos, de los emprendedores e incluso de lo que él mismo ha dicho en sus discursos que tiene que ver con  la necesidad de unir un país que viene demasiado dividido.

Leí la carta completa, una y otra vez, esperando encontrar esa frase que hubiera podido desatar semejante tormenta, pero nunca apareció. Lo único que encontré fue un mensaje conciliador que para mí es casi imposible de leer como una agresión.

A pesar de eso, esa sola publicación bastó para que miles de personas salieran a insultar a Karol, a decir que es una oportunista, a exigir que la cancelen y a reclamarle que durante los últimos cuatro años no ha escrito un mensaje parecido al gobierno de Gustavo Petro.

Y entonces me perdí completamente y me sorprendí por la reacción. Porque ¿desde cuándo una opinión deja de valer por el momento en que se expresa? ¿desde cuándo una persona pierde el derecho a hablar porque, según otros, no habló cuando ellos creen que debía hacerlo?

Esa lógica me preocupa bastante porque además demuestra que, al parecer, ninguno de los que salieron a ofender y a pedir que cancelen a la artista leyeron  realmente el contenido de la carta y mucho menos lo discutieron. Por el contrario, solo castigaron a la cantante por haberse atrevido a escribirla a pesar de que haya sido desde el respeto, porque igual terminó envuelta en una campaña de odio en donde no hubo espacio para el debate democrático.

Y tampoco para la opinión. Opinar ya se volvió un pecado también. Por ejemplo, la semana pasada en mi programa hice un comentario que, sinceramente, me pareció bastante elemental. Dije que el lema “Firmes por la Patria” se estaba escuchando hasta en la sopa y que, terminada la campaña, ya era suficiente.

Eso fue todo. No cuestioné a quienes votaron por Abelardo, no insulté al presidente, no llamé a desconocer el resultado electoral. Simplemente dije que la campaña ya había terminado y que no me gustaba el hecho de hacer el saludo militar como si todos fuéramos soldados.

Pues bien, alguien tomó ese fragmento, lo publicó en redes sociales y desde entonces mi cuenta se llenó de mensajes que también cargan un tono violento. Decenas o cientos de personas me están repitiendo justamente el mismo lema que yo decía que ya estaba en todas partes y me lo dejan en los comentarios e interacciones a manera de castigo porque para ellos mi opinión distinta parece ser una provocación imperdonable.

Lo que más me sorprendió fue encontrar entre esos mensajes uno de Marbelle quien me escribió para prometerme que durante todos los días de los próximos cuatro años me va a recordar que están “Firmes por la Patria”.

Uff jamás pensé que podríamos llegar hasta aquí, que el hacer una crítica o una observación sobre algo del nuevo gobierno mereciera una promesa de un hostigamiento que durará cuatro años. Entonces, ¿ni un artista o un periodista podrá hacer comentarios porque la respuesta será siempre un linchamiento digital?

Me aterra, les confieso, y me da mucha “amargura” que apenas llevemos unos días después de las elecciones y ya haya personas, incluyéndome, que estamos sintiendo que opinar tendrá un costo demasiado alto. Porque si una carta respetuosa, como la de Karol G,  genera semejante reacción, ¿qué va a pasar cuando lleguen las críticas de fondo?

Tal vez ya es hora de dejar de vivir pendientes de quién habló, quién no habló, quién felicitó, quién criticó y quién votó por quién. Dejar de creer que la victoria de unos exige el silencio de otros. Colombia ya tuvo suficiente campaña y lo que menos se necesita ahora son ejércitos digitales empeñados en aplastar al quien tiene otra visión de país.

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