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La maraña empresarial detrás de Lili Pink
POR: Paola Herrera
Hay historias empresariales que hablan de éxito. Otras, de innovación y algunas, como la de LiliPink, parecen más bien un laberinto cuidadosamente diseñado para que nadie entienda del todo quién está detrás.
Esta columna investigó el rastro de la empresa Lili Pink, hoy en el ojo del huracán por una investigación que adelanta la Fiscalía General de la Nación desde 2022 por presunto lavado de activos, contrabando y otras irregularidades. No es un caso menor, esta semana, por orden judicial, la Sociedad de Activos Especiales (SAE) realizó diligencias en cerca de 400 tiendas en todo el país. El resultado dejó locales cerrados y una marca golpeada en plena operación.
Pero el verdadero problema no es lo que se ve en las vitrinas, sino lo que no se logra ver en los papeles. Lili Pink nació en Colombia hace dos décadas de la mano de Max Abadi y su hijo David, quienes apostaron por el negocio del retail femenino tras haber incursionado en otros mercados. La marca creció, se posicionó y se volvió sinónimo de ropa interior asequible para miles de mujeres jóvenes. Hasta ahí, la historia es la de un emprendimiento exitoso.
No obstante, el rastro se vuelve confuso en 2015, cuando, según versiones de prensa, la empresa habría sido vendida. Desde ese momento, y durante varios años, hubo un vacío difícil de explicar, ya que no es claro en manos de quién quedó la marca ni cómo se estructuró su propiedad.
Fue en 2020, cuando Lili Pink pasa a estar en cabeza de Fast Moda, una empresa creada ese mismo año en Colombia con un capital de solo diez millones de pesos. Lo curioso no es solo su tamaño inicial, sino que su representante legal era, nuevamente, Max Abadi, el mismo fundador que supuestamente había vendido la compañía 14 años atrás.
Esta columna conoció además que quienes crearon Fast Moda, en plena pandemia, no fueron empresarios colombianos visibles, sino una estructura que apunta a Panamá. Primero fue la empresa Malta Blue, vinculada a un ciudadano nicaragüense domiciliado en ese país. Luego, en cuestión de meses, esa participación cambia de manos a otra sociedad panameña llamada Bestsea Blue.
Y ahí es donde la historia deja de ser simplemente enredada para volverse opaca. Bestsea Blue capitalizó a Fast Moda con 3 millones de dólares en tiempo récord y hoy figura como su única controlante, es decir, como la verdadera dueña de Lili Pink.
Ahora bien, ¿quiénes son los dueños de Bestsea Blue en Panamá? buscamos los registros de esa compañía y solo aparecen nombres de directivos, como Héctor Adames Rodríguez, Malaquilla Bismar Hernández, Adames Lex, Danilo Enrique Adames, entre otros.
Estos nombres, que no corresponden a los dueños sino los directivos de esa empresa en Panamá, son abogados que aparecen vinculados a más de 40 organizaciones diferentes, ya que en ese país está permitido usar los servicios de firmas legales para mantener la privacidad corporativa.
En otras palabras no se sabe quién es el beneficiario o dueño real de esta empresa. En los documentos que conocimos se advierte que su nombre no es de acceso público y requiere de un proceso judicial para ser identificado. Entonces, ¿será que es el mismo señor Abadi, que supuestamente vendió su empresa en 2015?
Lo grave es que mientras la estructura societaria se diluye entre fronteras y firmas legales, en Colombia avanza una investigación que apunta a prácticas graves. Esta columna conoció que dentro del proceso se han encontrado indicios de presuntos pagos a funcionarios de la DIAN para facilitar contrabando mediante la modalidad de “pitufeo”, una técnica clásica de fragmentación de dinero para evadir controles.
A esto se suman serias irregularidades en procesos de importación y, según la Fiscalía, un lavado de activos que podría llegar a los 730.000 millones de pesos. Durante el operativo de este lunes unas 402 tiendas fueron ocupadas con fines de extensión de dominio y la cosa no parará ahí.
Revisamos también las cifras de la compañía las cuales muestran que no se trata de un actor marginal. Fast Moda reporta activos por 295.000 millones de pesos, ingresos superiores a los 600.000 millones y utilidades por más de 23.000 millones. Es decir, un negocio grande, rentable y con un impacto significativo en el mercado.
Por eso, la pregunta de fondo no es solo quién vende ropa interior en Colombia, sino quién está realmente detrás del negocio. Ojalá muy pronto sepamos quiénes están detrás de Lili Pink, por qué se han hecho tantas triangulaciones con esa marca y qué es lo que esconde su verdadero dueño cuyo nombre no se puede saber.
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