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¿A quién le hablan los medios de comunicación?

POR: Paola Herrera

¿A quién le hablan los medios de comunicación?

Hace unos días estuve en la Universidad de Manizales hablando sobre periodismo. Antes de empezar mi intervención, quise hacer una pregunta sencilla al auditorio, compuesto por unas cien personas: “¿Cuántos de ustedes todavía se informan sobre lo que pasa en el país a través de los medios tradicionales?”. Esperaba varias manos levantadas, de pronto la mitad o por lo menos un tercio.

No obstante,  apenas tres personas levantaron la mano, tres de cien. Eso, aunque pueda parecer una anécdota menor, en realidad refleja un problema enorme que muchos medios siguen empeñados en negar y que tiene que ver con la desconexión que hay en sector con la ciudadanía y con las audiencias.

Y es que durante años se ha intentado explicar la caída de audiencia diciendo que las nuevas generaciones prefieren TikTok, YouTube o las redes sociales en general. Y, claro, eso influye, pero reducir el problema únicamente a un cambio tecnológico es una manera simplista y cómoda de evitar la discusión de fondo.

La gente no solo cambió de plataforma, también entendió que los medios no representan sus preocupaciones reales y le hablan más al poder que a los ciudadanos. Hay una gran parte de la población colombiana que siente que el periodismo tradicional vive encerrado en una burbuja, en una conversación entre políticos, empresarios, directores de medios y analistas que hablan entre ellos mismos, mientras el ciudadano común parece solo un espectador lejano de esa élite.

Este fin de semana ese fenómeno volvió a quedar en evidencia con la cobertura de la muerte de Germán Vargas Lleras. Los principales noticieros, programas de opinión y espacios informativos dedicaron horas enteras a exaltar su figura. Lo presentaron como un gran estadista, un hombre indispensable para la democracia colombiana, casi un prócer contemporáneo.

Varios directores de medios incluso hablaron desde la cercanía personal, diciendo que eran sus amigos y lamentando profundamente su muerte. Y por supuesto que es válido reconocer la trayectoria de un político que fue concejal, senador, presidente del Congreso, ministro y vicepresidente de Colombia. Nadie puede negar que tuvo una carrera política gigantesca ni que durante años fue considerado “el presidente que nunca fue”.

Pero justamente ahí aparece la pregunta que muchos medios parecen incapaces de hacer: si tenía tanta experiencia, tanto poder y tanta visibilidad, ¿por qué nunca logró convertirse en presidente? La respuesta no está en la falta de preparación ni en la ausencia de maquinaria política. Vargas Lleras tenía ambas cosas de sobra.

Sin embargo, lo que nunca logró fue conectar emocionalmente con la mayoría de los colombianos y eso ocurre porque, más allá de sus capacidades, terminó representando todo aquello que buena parte del país empezó a rechazar en la política tradicional y que tiene que ver con los apellidos históricos, las estructuras de poder heredadas, las maquinarias electorales y una forma de hacer política asociada durante años con burocracia.

Germán Vargas Lleras no apareció de la nada, era nieto del expresidente Carlos Lleras Restrepo y hacía parte de una de las familias más influyentes del establecimiento colombiano. Fue además el líder natural de Cambio Radical, uno de los partidos más cuestionados y corruptos de la política nacional, y construyó alianzas con poderosas estructuras regionales como la de los Char.

Todo eso hace parte de su historia política y explica también por qué muchos ciudadanos nunca se sintieron representados por él. Sin embargo, gran parte del cubrimiento mediático del fin de semana decidió ignorar completamente esa dimensión y optó por presentar una imagen casi unánime de admiración y nostalgia y hasta casi lo gradúan de héroe o lo mandan a canonizar.

Y no está mal reconocer la muerte de un personaje importante, el problema, creo yo, es que muchos medios siguen confundiendo la visión de las élites con la percepción real del país. Mientras en la televisión o en la radio se hablaba de la pérdida de un gran líder nacional, en las redes sociales y en buena parte de la conversación ciudadana la reacción era mucho más fría, distante e incluso crítica. No por odio ni por falta de respeto, sino porque una gran cantidad de colombianos nunca sintió cercanía con lo que él representaba políticamente o incluso, ni lo conocían.

Por eso es que el periodismo tradicional sigue perdiendo credibilidad. Porque pareciera que muchos medios todavía creen que aquello que conmueve a los círculos políticos y empresariales conmueve automáticamente al resto del país. Eso, hace mucho tiempo dejó de ser cierto porque la gente está cansada de ver cómo los mismos apellidos ocupan siempre el centro de la conversación nacional, mientras los problemas cotidianos de millones de ciudadanos o los temas que de verdad le interesan a la gente, no reciben el mismo nivel de atención.

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