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Petro, un muy mal perdedor

POR: Paola Herrera

Petro, un muy mal perdedor

Imagínense que la final del Mundial fuera entre Colombia y Estados Unidos. Después de un partido intenso, Colombia gana en los penales. El árbitro pita el final, la FIFA entrega el trofeo, el mundo entero reconoce al campeón y millones de colombianos salen a celebrar.

Sin embargo, unas horas después, el técnico del equipo estadounidense se enloquece y aparece diciendo que no acepta el resultado, que el partido fue manipulado desde una sala de cómputo, que hubo una conspiración internacional para favorecer a Colombia y que el verdadero campeón es Estados Unidos. Como si eso no fuera suficiente, les pide a sus hinchas salir a las calles a destruir todo y a impedir que se consume ese “robo”, incluso que todos griten al unísono que su equipo es el único ganador.

Cualquiera pensaría que perdió la cabeza. Porque una cosa es reclamar una decisión arbitral o denunciar una irregularidad puntual y otra muy distinta es intentar convencer a millones de personas de que todo el campeonato fue un fraude sin presentar pruebas que respalden semejantes acusaciones. Eso no arregla nada. Lo único que logra es convertir una derrota deportiva en un caos total.

Pues bien, eso mismo sentí al leer el mensaje que publicó el presidente Gustavo Petro desconociendo el resultado de las elecciones del pasado 21 de junio. No me impresionó que denunciara un supuesto fraude porque en democracia cualquier ciudadano, cualquier candidato y, por supuesto, cualquier presidente puede acudir a las autoridades si considera que existieron irregularidades.

Lo verdaderamente grave fue leer al jefe de Estado afirmar que no reconoce la legitimidad del gobierno entrante, asegurar que el verdadero presidente de Colombia es Iván Cepeda (quien perdió la elección por cerca de 250.000 votos y ya aceptó la curul en el Senado que le corresponde por ley) y, al mismo tiempo, convocar a los colombianos a salir a las calles el próximo 20 de julio. Todo eso sin una sola prueba. Así como lo leen, sin nada que respalde tales afirmaciones.

Eso ya no es una  simple denuncia, eso es desconocer el resultado de una elección y  cuando quien lo hace no es un ciudadano inconforme sino el presidente de la República, las consecuencias creo que pueden ser  enormes.

Porque las palabras de un presidente tienen un peso distinto. No son un trino cualquiera. Lo que diga Petro puede dar tranquilidad en momentos de incertidumbre o puede sembrar el miedo. Puede fortalecer las instituciones o dinamitarlas, puede bajar la temperatura de un país o prenderle fuego y parece que hoy Petro escogió ese segundo camino.

Me explicó: cuando desde la Presidencia se les dice a millones de colombianos que les robaron las elecciones, que el gobierno que viene no es legítimo y que la voluntad popular fue sustituida por una conspiración internacional, lo que se está haciendo es incendiar al país.

Se trata de  sembrar la idea de que ya no vale la pena confiar en las instituciones, en la Registraduría, en los jueces ni en el voto. Es alimentar la rabia de quienes ya están convencidos de que cualquier resultado que no les guste solo tiene una explicación que es el tan famoso fraude.

Y eso es lo peligroso porque Colombia ha pagado un precio demasiado alto por la polarización como para que ahora sea el propio presidente quien alimente la desconfianza institucional. Este es un país donde las palabras han tenido consecuencias. Aquí los discursos no se quedan en las redes sociales, aquí un mensaje irresponsable puede terminar convertido en violencia en las calles.

Si Gustavo Petro tiene pruebas de que ocurrió un fraude de las dimensiones que denuncia, su obligación es presentarlas ante las autoridades competentes y permitir que la justicia actúe. Eso es lo que corresponde en un Estado de derecho.

Lo que no puede hacer es reemplazar las pruebas por acusaciones grandilocuentes y luego convocar movilizaciones mientras les dice a sus seguidores que el presidente electo no ganó realmente las elecciones.

Recuerdo que cuando Petro era oposición exigía, con toda razón, que se respetara la voluntad popular y que las instituciones garantizaran la democracia. Hoy, cuando el resultado no favorece a su sector político, parece dispuesto a desconocer exactamente esas mismas reglas que durante años dijo defender.

Presidente, no siempre gana el candidato que uno quiere. Pero precisamente por eso existe la democracia. Porque obliga a todos, especialmente a quienes ejercen el poder, a aceptar las reglas del juego incluso cuando el marcador les resulta adverso.

Por favor, reconozca que perdió. Entregue el poder como se debe. Demuestre su talante demócrata. Ya no necesitamos ni queremos los colombianos más violencia política, más ambiente de desconfianza institucional y más división que nos tiene a punto de otro estallido social. Si eso pasa, no serían ni sus hijos ni los de ningún poderoso los que pondrían en riesgo su vida. No sea irresponsable y tampoco un mal perdedor.

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