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¿Cómo estás? Esta vez sí quiero escuchar.

POR: María Leonor Sierra

¿Cómo estás? Esta vez sí quiero escuchar.

¿Cuántas veces hemos preguntado “¿cómo estás?” sin estar realmente preparados para escuchar la respuesta?

Lo hacemos casi de manera automática. Preguntamos y esperamos un “bien”, un “todo bien”, un “ahí vamos”. Pero ¿qué pasaría si un día esa persona respondiera: “No estoy bien”? ¿Sabríamos qué decir? ¿Nos quedaríamos a escuchar?

Hay dolores que no hacen ruido. Hay personas que continúan trabajando, estudiando, cuidando a sus familias y cumpliendo con sus responsabilidades mientras atraviesan batallas que nadie alcanza a imaginar.

Por eso, hablar de suicidio exige mucho más que pronunciar una palabra que durante años hemos preferido esconder. Exige aprender a mirar, a escuchar, a preguntar y, sobre todo, a acompañar sin juzgar.

El 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. La jornada es organizada por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) y cuenta con la OMS como copatrocinadora. Su finalidad es centrar la atención en la prevención, reducir el estigma y crear conciencia de que el suicidio puede prevenirse.

En 2026, la campaña nos invita a iniciar la conversación: cuestionar mitos, reducir el estigma y abrir espacios para hablar con empatía y apoyo.

Y quizás cambiar la narrativa significa precisamente eso: dejar de hablar desde el miedo y el estigma para comenzar a hablar desde la comprensión, la prevención y la esperanza.

La Organización Mundial de la Salud estima que más de 720.000 personas mueren por suicidio cada año en el mundo.

La Organización Panamericana de la Salud publicó en septiembre de 2024 que, según datos del INS (SIVIGILA) y DANE, Colombia registró en 2023 40.850 casos de intento de suicidio y 3.241 suicidios. La publicación también indicó que 23.761 de los intentos correspondieron a adolescentes y jóvenes (58%).

La OPS informó además que cerca de 100.000 personas mueren por suicidio cada año en las Américas.

Detrás de cada cifra hay una historia humana que no debería convertirse en un simple número.

El suicidio es un fenómeno complejo. No podemos reducirlo a una sola causa ni explicar desde afuera el dolor de quien lo vive.

Y entonces surge una pregunta inevitable: ¿qué podemos hacer cuando alguien que está cerca de nosotros no está bien?

No necesitamos tener todas las respuestas ni convertirnos en expertos para empezar a acompañar.

Porque prevenir también empieza en lo cotidiano: en una pregunta, en una conversación, en una escucha sincera y en la decisión de no mirar hacia otro lado.

1. Mirar y preguntar:

Una de las herramientas más importantes es reconocer tempranamente cuando una persona puede estar atravesando un momento de sufrimiento o riesgo.

No debemos esperar a que alguien diga explícitamente “quiero suicidarme”. Cambios importantes en el comportamiento, aislamiento, desesperanza, pérdida de interés, alteraciones marcadas del estado de ánimo o expresiones relacionadas con no querer vivir pueden ser señales de que algo no está bien y de que necesitamos acercarnos.

2. Escuchar sin juzgar:

Cuando alguien expresa sufrimiento, no necesitamos inmediatamente darle consejos, minimizar lo que siente o decirle “tienes que ser fuerte”.

Podemos decir:

“Estoy aquí contigo.”
“Quiero escucharte.”
“Lo que estás viviendo importa.”
“No tienes que atravesar esto a solas.”
“Vamos a buscar ayuda juntos.”

A veces no tenemos la respuesta perfecta. Lo importante es estar presentes. Escuchar sin interrumpir, sin minimizar y sin juzgar también es una manera de cuidar.

3. Acompañar y conectar con ayuda profesional:

La conversación con un familiar, un amigo o alguien de confianza puede ser el primer paso, pero cuando existe riesgo, ese paso debe conducir hacia la ayuda profesional.

Psicología, psiquiatría, medicina, urgencias y los servicios de salud mental forman parte de esa red. Pedir ayuda no es exagerar. Tampoco es una señal de debilidad. Es una forma de cuidar la vida.

Y cuando existe un riesgo inmediato, acompañar importa. No dejar sola a una persona en ese momento puede ser una manera concreta de ayudar mientras se busca atención profesional.

4. Reducir el acceso a medios letales:

Esta es una de las intervenciones de prevención con mayor respaldo de la OMS. Se trata de poner distancia entre una persona que atraviesa una crisis y aquellos medios que podrían poner en riesgo su vida.

Una crisis puede ser transitoria. Crear tiempo y distancia puede permitir que llegue la ayuda.

La OMS incluye la restricción del acceso a medios letales entre las cuatro intervenciones prioritarias de su enfoque LIVE LIFE.

5. Hablar responsablemente del suicidio:

Hablar del suicidio también exige responsabilidad. No necesitamos describir métodos, dar detalles ni presentar el suicidio como algo romántico, inevitable o heroico.

Quienes comunicamos tenemos una responsabilidad especial: informar sin aumentar el riesgo, reducir el estigma y recordar que pedir ayuda es posible.

Porque cambiar la narrativa no significa dejar de hablar del suicidio. Significa aprender a hablar de él de una manera que pueda abrir una puerta en lugar de cerrarla.

Hay símbolos que simplemente representan una causa. Y hay otros que nos invitan a hacer algo.

El lazo amarillo se ha convertido, en distintos lugares del mundo, en uno de los símbolos asociados a la prevención del suicidio. Su historia está vinculada al Yellow Ribbon Suicide Prevention Program, que nació en Estados Unidos en 1994, después de la muerte por suicidio de Mike Emme, un joven de 17 años.

Pero quizás lo más importante del lazo amarillo no sea el color. Es lo que puede recordarnos.

Significa aprender a mirar al otro, escuchar sin juzgar, preguntar cuando algo nos preocupa, acompañar cuando alguien atraviesa una crisis y ayudarle a encontrar atención profesional cuando la necesita.

No quisiera que pensemos en el 10 de septiembre solamente como una fecha del calendario. Pensemos en las conversaciones que estamos teniendo y en aquellas que estamos evitando.

Porque cambiar la narrativa también significa cambiar nuestra manera de mirar al otro.

Y tal vez, en un mundo que muchas veces nos enseña a seguir adelante sin detenernos, prevenir también sea aprender a detenernos por alguien.

Por eso, la próxima vez que preguntes “¿cómo estás?”, intenta estar preparado para escuchar la respuesta.

Y si la respuesta no es “bien”, no tengas miedo de quedarte un poco más.

Por favor, quédate aquí.

Porque a veces, quedarnos a escuchar también es una forma de cuidar.

María Leonor Sierra Almanza.
Abogada.
Magister en Derecho Público.
Especialista en Derecho Público.
Especialista en Comunicación Pública.

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