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En año menos de colegio: el costo silencioso de los paros docentes en Bogotá

Por: Paula Bolívar

Un estudio realizado por la Universidad Nacional sobre la magnitud de los paros docentes en Bogotá entre 2012 y 2024 reveló que un estudiante promedio del sector oficial, desde preescolar hasta grado once, pierde el equivalente a un año escolar completo en comparación con un estudiante del sector privado.

Según la investigación, un estudiante puede experimentar hasta 70 eventos de paro, que en conjunto acumulan 182 días sin actividad académica.

“Si bien existe el desafío de armonizar el derecho a la huelga con la prevalencia del derecho fundamental a la educación, la magnitud de la pérdida observada en este estudio evidencia una vulneración fáctica de este último derecho. Ciento ochenta y dos días sin actividad académica muestran que el impacto de este fenómeno es crítico y contribuye claramente a perpetuar la desigualdad”.

El estudio señala que, además de los efectos negativos documentados en múltiples investigaciones, los paros reducen las oportunidades de aprendizaje, la socialización entre compañeros, el acceso a entornos protectores y, en muchos casos, a complementos nutricionales fundamentales como el refrigerio o el almuerzo escolar.
“Los estudiantes expuestos a más paros obtienen puntajes significativamente más bajos. En Colombia, se estima que un estudiante afectado por paros docentes obtiene peores resultados que sus pares no expuestos, tanto en matemáticas como en lectura”.
En Colombia, los años 2013, 2017 y 2021 —inmediatamente anteriores a las elecciones presidenciales de 2014, 2018 y 2022— registraron los picos más altos en la duración de los paros docentes. Según el estudio de la UNAL, este patrón sugiere que la actividad sindical tiende a intensificarse en los periodos preelectorales, posiblemente como una estrategia para aumentar la presión política y fortalecer la posición negociadora del magisterio durante los ciclos de radicación o negociación de los pliegos de peticiones de FECODE.

“De esta manera, el uso del paro se configura no solo como una respuesta puntual a conflictos coyunturales, sino también como una herramienta estratégica y sistemática de presión”.

Las condiciones laborales del magisterio constituyen la causa más frecuente de los paros. Estas incluyen demandas relacionadas con aumentos salariales, mejoras en el sistema de salud del magisterio, estabilidad laboral y el cumplimiento de acuerdos previos entre FECODE y el Gobierno nacional.

Ante este panorama, los investigadores de la Universidad Nacional recomiendan implementar protocolos de continuidad educativa centrados en el estudiante.

“La reposición de clases no debe ser un acto meramente administrativo, sino pedagógico. Por tanto, se recomienda diseñar planes de contingencia que prioricen la mitigación del impacto en el estudiante. Esto incluye programas estructurados de tutorías para la nivelación de aprendizajes y el apoyo psicosocial. Se debe evitar la compresión de jornadas o el uso de vacaciones, prácticas de efectividad pedagógica limitada que no compensan la pérdida de tiempo de aprendizaje real”.

Además, recomiendan atender las causas estructurales que motivan el conflicto.

“El análisis de las causas indica que numerosos paros responden a demandas legítimas sobre las condiciones materiales del sistema. En consecuencia, se recomienda a los hacedores de política abordar activamente las deficiencias en la infraestructura escolar, la provisión de alimentación (PAE) y la sobrecarga administrativa. Garantizar condiciones dignas de enseñanza y aprendizaje es un requisito para la sostenibilidad de la paz escolar”.

Por último, los autores del estudio advierten que los paros docentes, aunque constituyen un mecanismo válido para exigir reivindicaciones laborales y sociales, han tenido una consecuencia silenciosa para millones de personas. La magnitud de los días acumulados sin actividad académica por parte de un estudiante promedio del sector oficial en Bogotá evidencia que este fenómeno contribuye a perpetuar la desigualdad.

“Ciento ochenta y dos días sin oportunidades de aprendizaje, sin espacios protectores y sin alimentación escolar suponen un costo demasiado alto para los estudiantes en situación de mayor vulnerabilidad. La evidencia, tanto nacional como internacional, es contundente: los paros docentes reducen el rendimiento académico, aumentan la probabilidad de deserción y generan impactos a largo plazo, como la disminución de los ingresos laborales futuros y el aumento del desempleo. A su vez, imponen costos económicos inmediatos a los hogares y pueden tener efectos intergeneracionales”.

Autores del estudio:
Hernando Bayona-Rodríguez, Andrea García y Tatiana Milena Rodríguez.

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