BRAVA news
Una guía absurda para sobrevivir siendo mujer (según lo que nos contaron)
POR: Katherine García
¿Te has sentido vulnerable en la calle? ¿Te preocupa salir sola? ¿Te han hecho comentarios obscenos? ¿Te han tocado sin tu consentimiento? ¿Te han insistido hasta el cansancio? Si respondiste que sí a alguna de estas preguntas… Bienvenida al club.
Tranquila, no estás sola: simplemente eres mujer.
Como vivimos en una sociedad que, por razones curiosas, mágicas y ancestrales que aún no comprendo, parece dedicarle más tiempo a enseñar a las mujeres a evitar el peligro que a los hombres a no ser el peligro, hoy te traigo una guía imprescindible que será la salvación.
Sí, obviamente hablo de esos consejos que todas hemos escuchado alguna vez y que, en teoría, garantizan que nada malo te pase.
¡Anota pues!
- Ojo con lo que te pones
Cuenta la leyenda que las minifaldas, los escotes, los vestidos ajustados o las telas transparentes pueden provocar un fenómeno extraño: algunos hombres podrían interpretarlo como una invitación abierta a opinar sobre tu cuerpo, “echarte un piropo”, decirte algo “ingenioso” o acercarse demasiado.
La recomendación es clara: mejor tápate bien. Si puedes vestirte como un personaje medieval con varias capas de tela, mucho mejor. Nunca se sabe cuándo tu rodilla podría generar una crisis de autocontrol colectiva.
- No sonrías tanto
Una sonrisa amable, un gesto cordial o un mínimo contacto visual pueden ser interpretados por algunos como: “Hola, extraño, por favor inicia una conversación incómoda conmigo, muero de ganas”.
Para evitar malentendidos, lo más recomendable es practicar una expresión neutra. Si logras perfeccionar la cara de “no me hables ni aunque te estés muriendo”, vas por buen camino.
- No recibas nada de nadie
Ni conocidos ni desconocidos. Nada. ¡Cero!
Bebidas, comida, dulces, un chicle, una botella de agua… Es mejor que saques tu versión de Dora La Exploradora, y lleves un pequeño kit de supervivencia personal, incluso es ideal que consigas un laboratorio portátil para analizar cualquier cosa que se acerque a tu vaso.
No vaya a ser que alguien interprete un gesto amable como la oportunidad perfecta para
“ayudarte a relajarte un poco porque estás muy tensa”.
- Cuidado con las fotos que te tomas…
Una foto donde se vea un poquito de piel puede generar una avalancha de comentarios fascinantes en las redes: hordas de expertos en moral, decoro y comportamiento femenino, anónimos por supuesto.
Así que recuerda: si publicas una foto donde te ves bien y se muestra un poquito de piel, algunos asumirán que también aceptas comentarios, juicios y opiniones que nadie pidió.
- Atención al baile
Si te gusta bailar… bueno, ahí ya estamos entrando en terreno peligroso.
La verdad es que lo mejor sería que no salgas. Pero si ya estás de rebelde y bailas con desconocidos, tienes que saber que al parecer estás enviando otras señales.
Porque aparentemente disfrutar la música, moverse con libertad o bailar con alguien puede ser interpretado como una señal secreta que solo algunos hombres parecen conocer.
Conclusión: si bailas mucho, sonríes y además te diviertes… claramente estás enviando señales en código morse que nadie te explicó.
- Mejor no coquetear
Según la RAE, coquetear es mostrar interés o tratar de agradar. Hasta ahí todo bien.
El problema aparece cuando algunas personas interpretan el coqueteo como un contrato legal irrevocable, cuando confunden coqueteo con aceptación automática, cuando confunden una sonrisa con un sí rotundo.
Así que, por seguridad, mejor evita coquetear. O practícalo únicamente bajo supervisión notarial.
- El misterioso “no”
A la mayoría nos enseñaron que “no” significa… bueno… no. (Negación, rechazo)
Pero aparentemente existe una versión alternativa del idioma, en la que no nos incluyeron, y donde ese “no” puede interpretarse como “insiste un poco más”.
En ese caso, la única estrategia que puede recomendar esta guía absurda sería la clásica, infalible y milenial técnica universal: huir.
—
En teoría, si sigues todos estos pasos, deberías estar a salvo.
Así que te propongo algo: pruébalos todos. Luego vienes y me cuentas. ¿Dejaron de acosarte? ¿Respetaron el “no”? ¿Todo funcionó mágicamente? O… ¿descubriste que siempre aparece una excusa nueva?
Sospecho que será esto último.
Porque la realidad es que nada cambia demasiado mientras sigamos creyendo que la solución es enseñarle a las mujeres a esquivar el problema, en lugar de enseñarle a la sociedad a no crearlo.
Y sí, antes de que alguien lo diga: claro que no son todos los hombres. Por suerte, muchísimos también quieren una sociedad más respetuosa y segura, y afortunadamente yo estoy rodeada de muchos hombres maravillosos.
Por eso quiero cerrar con una invitación especialmente para ellos:
Hombres, ¿están de acuerdo con esta guía? ¿Les parece razonable que las mujeres tengamos que vivir siguiendo este tipo de reglas para sentirnos seguras?
Si la respuesta es no —como sospecho y espero— entonces la conversación no debería terminar aquí.
¿Qué proponen ustedes para cambiar esta situación? ¿Qué conversaciones faltan entre hombres? ¿Qué comportamientos habría que cuestionar? ¿En qué momentos es necesario intervenir, incomodarse o decir “eso no está bien”?
Porque tal vez el verdadero cambio empiece cuando dejemos de escribir manuales absurdos para que las mujeres sobrevivan… y empecemos a construir, entre todos, una sociedad donde simplemente no los necesitemos.
Carolina Novoa
13/03/2026
“El impacto del perdón en la salud”
El perdón, muchas veces percibido como un acto exclusivamente emocional o espiritual, tiene profundas repercusiones en la salud física y mental. Estudios científicos...
Carmen Luisa Terán Suárez
12/03/2026
De la invisibilidad al protagonismo: Otra mirada a la libertad
En Colombia, la mayoría de las mujeres privadas de la libertad no eligieron el camino del delito; fueron empujadas por un sistema que...
María Jimena Quevedo
10/03/2026
El reloj de los cuatro meses
Cuatro meses. Ese es el tiempo que en Colombia muchas madres tenemos antes de regresar al trabajo. Dieciocho semanas que pasan entre el...
Paola Herrera
09/03/2026
Las elecciones pasaron, la impunidad quedó
En Colombia los delitos electorales tienen una particularidad y es que casi nunca terminan en consecuencias reales o castigos para quienes los cometen,...