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El centro político: el “casi algo” que Colombia no logra concretar

El centro político: el “casi algo”  que Colombia no logra concretar

El famoso “casi algo” es esa persona con la que intentamos tener una relación pero nunca avanza. Siempre existe una excusa, un momento que no fue, una decisión no tomada.

El centro político en Colombia es eso, tal cual.

Un vínculo lleno de expectativas. Una promesa constante de comprensión, de equilibrio, de sensatez. Una idea que seduce a gran parte del electorado colombiano que quiere alejarse de los extremos.

Como los casi algo, uno glorifica su lado bueno: la moderación, el discurso técnico, la distancia de la polarización.

Lo negativo, en este caso la indecisión, fragmentación e incapacidad de asumir costos políticos pesa menos, por eso pasan los años y ahí seguimos. Esperando migajas.

Y así, idealizar la relación es más fácil.

El duelo del casi algo es uno de los más difíciles porque hay que explicar —y explicarse— ese vínculo que “no fue nada”, pero que lo fue todo. Cómo los tiempos no jugaron a favor. Cómo uno de los dos tenía claro lo que podía llegar a ser la relación, mientras el otro se negaba a verlo. A tomar acción. A comprometerse.

Ese es el centro político hoy: una idea que muchos desean, pero que sus protagonistas no terminan de asumir.

Los casi algo se vuelven nocivos cuando tienen varias temporadas. Cuando no se aprende del error. Cuando la expectativa se convierte en frustración acumulada.

La negativa de Sergio Fajardo a participar en la Gran Consulta será una tusa difícil de digerir. Su terquedad es la reafirmación de una lógica que el centro no ha logrado superar: la convicción de que el momento ideal siempre está por venir, que el electorado entenderá una vez más la prudencia como virtud y no como evasión.

Ver que el llamado centro será representado el 8 de marzo por Claudia López y Leonardo Huerta deja una sensación de vacío, ese nudo que existe cuando el mensaje se queda sin responder.

Ese centro político tan atractivo, tan inalcanzable, tan fugaz terminará mancillado por una candidata que patalea por quedarse a flote y otro, que debe estar igual de confundido a nosotros de cómo terminó ahí.

Como los casi algo, el centro político en Colombia siempre está “tan cerca”.

Tan cerca de volverse mayoría. Tan cerca de oficializar su relación con el país que dice representar. Pero siempre hay algo que lo impide: la terquedad, el cálculo individual, la incapacidad de ceder.

Y como en todo casi algo, llega un punto en el que la pregunta deja de ser “¿qué hubiera pasado si…?” y se convierte en “¿por qué nunca se atrevieron?”

Si el 2026 demuestra algo, podría ser esto: que el centro no fracasa por falta de electores, sino por falta de decisión. Porque en política —como en el amor— llega un momento en que no definirse también es una decisión.

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